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CAMINO DE SANTIAGO POR LA COSTA  
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Introducción al Camino de Santiago

 

Introducción / Historia del Camino / Arte en el Camino / Preparativos y consejos

INTRODUCCIÓN

Hospitalidad y tradición de miles de viajeros desde siglos hacen de este itinerario una experiencia única, en cuyo itinerario encontraremos peregrinos venidos de diversos confines del planeta. Ningún peregrino que inicia el Camino sabe que en ese momento se lanza a una experiencia que le hará cambiar el criterio de muchas cosas.

La importancia del Camino de Santiago queda reconocida desde el Consejo de Europa, que lo calificó como Itinerario Cultural Europeo en 1987, y por la UNESCO que lo calificó en 1993 como Bien Patrimonio de la Humanidad.

Resulta obvio que el trazado histórico ha desaparecido en un alto porcentaje bajo el asfalto de las carreteras, edificaciones o cultivos, y que el trazado antaño pisado por sandalias no es el mismo que pisan estudiadas botas impermeables y transpirables. La edificación de puentes, carreteras, autopistas o el crecimiento de ciudades desvían al peregrino del trazado histórico; en otras ocasiones la invasión de una garrafal autopista en la ruta original obliga al desprotegido peregrino a desviarse por caminos o pistas de tierra paralelos buscando la seguridad y tranquilidad que un peregrinaje en condiciones obliga. Donde antes había lobos, osos, bandidos y bosques, hoy encontramos vehículos y polígonos industriales, los peregrinos que antes pedían limosna, llevan ahora tarjetas de crédito en el bolsillo, y la ausencia de noticias de antaño queda suplida por los inevitables teléfonos móviles que no terminan de aislarnos del resto del mundo como a los peregrinos de tan sólo unos pocos años.

Aún y todo quedan detalles suficientes para emprender este curioso viaje, como la hospitalidad, los refugios para los peregrinos y algo de aventura; pero, sobre todo, las gentes del Camino, una cena compartida, conversaciones y amistades con gente hasta ayer desconocida, de edad, condición o nacionalidad distinta confraternizando, apoyándose y haciéndose continua compañía.

Puente La Reina

HISTORIA DEL CAMINO

La primera de las rutas jacobeas que existió fue la que se creó cuando los astures emprendían la peregrinación hacia un descampado situado en las inmediaciones de “Iria Flavia” (actual Padrón) en donde increíbles acontecimientos daban fe de la aparición del sepulcro del Apóstol Santiago, la peregrinación fue encabezada por el mismo rey astur Alfonso II el Casto. Así pues el primer Camino de Santiago, “Strata de Beati Jacobi” como lo llamó Alfonso VII, era el que transitaba de las actuales Oviedo a Santiago de Compostela y que venía a transcurrir por lo que hoy se conoce como el “Camino Primitivo” partiendo de Oviedo por Grado, Tineo, Fonsagrada, Lugo, Arzúa y Santiago de Compostela.

Hay que dejar claro que existen tantos caminos como peregrinos, ni hay un único Camino de Santiago, ni el Camino empieza en Roncesvalles, Somport o Irún, sino que éstos constituían los puntos de entrada de los peregrinos de la Europa continental en la península ibérica. En realidad las vías utilizadas por los antiguos peregrinos para alcanzar Santiago se distribuyeron por todos los rincones de la península. Pero de entre ellas dos se fueron desmarcando como las principales por la masiva afluencia de peregrinos que las utilizaban para sus viajes y por su importancia histórica y estratégica, el “Camino Francés” y los “Caminos del Norte”, en todas sus alternativas. Estas vías no estaban señalizadas como actualmente las conocemos, ni, lógicamente, no eran únicas, sino que se enlazaban y mezclaban entre sí. Así, por ejemplo, había peregrinos que, habiendo entrado en la península ibérica por Irún, se dirigían hacia el “Iter Francigenum” atravesando Gipuzkoa, Araba y enlazando con el citado en Burgos (actual Camino Vasco del Interior); otros también se dirigían hacia el “Camino Francés” después de haber atracado en los puertos vascos o cántabros procedentes del mar. Los había que, provenientes del “Camino Francés” al llegar a León se dirigían hacia Oviedo (actual Camino del Salvador) en busca de las reliquias que allá se guardaban con recelo o en busca de un poco de frescor en los calurosos días veraniegos, así como los que, habiendo llegado por el “Camino de la Costa” hasta Oviedo protegidos por las montañas en épocas de ocupación islámica, proseguían su peregrinaje hacia Santiago de Compostela por Fonsagrada y Lugo... (actual Camino Primitivo) en fin, una amalgama de caminos que cada peregrino seguía según su propio criterio y circunstancias.

Fue allá por el siglo XII cuando el religioso Aymeric Picaud, perteneciente a la Orden del Cluny, redactó la primera guía conocida del peregrino a Santiago de Compostela, el “Codex Calixtinus”, celosamente guardado en la catedral compostelana, en la que se encuentran textos litúrgicos sobre el Apóstol Santiago, unas nociones históricas y el posible derrotero a seguir.

En torno a los caminos trazados en la ruta de peregrinación como lógico apoyo a los peregrinos, se van creando albergues y tabernas, lugares de descanso y ocio, a veces espontáneamente y otras por intereses de los mandatarios, dándose el nacimiento de núcleos de población hasta entonces inexistentes o el desarrollo de las pequeñas aldeas así como creándose una infraestructura repleta de hospederías, comercios, hospitales y templos. Nacen de esta forma villas francas a cuyos habitantes se les otorgan prerrogativas para poblar y desarrollar en los nuevos burgos activas y florecientes actividades de todo tipo pero, sobre todo, artesanales y comerciales. Es así como el transitar de los peregrinos (recordemos que en el medioevo la ruta era de ida y vuelta) promueve las relaciones, la economía, el desarrollo y el intercambio económico y social entre pueblos, así mismo fue medio de difusión cultural, promoviéndose el flujo literario y artístico de forma hasta entonces desconocida. Un ejemplo de ello lo podemos contrastar hoy en día en la mayoría de los monumentos históricos del Camino, es muy raro el monumento que conserva su fábrica original intacta, la mayor parte de ellos presentan aspectos y elementos que se han ido superponiendo en las distintas épocas con las remodelaciones, ampliaciones o mantenimientos recibidos.

En los últimos años de la Edad Media el Camino sufrió un paulatino quebranto con la expansión de los nuevos paradigmas humanistas que discrepaban con los que, siglos atrás, habían originado el fenómeno ambulatorio. A pesar de ello, en mayor o menor medida, siempre ha habido una atracción hacia Santiago de Compostela y las intermitencias que se han dado en el flujo humano en el transcurso de los años y por encima de elementos artísticos, sociales, culturales o religiosos, son prueba de ello.

DE CÓMO SE ORIGINÓ TODO ESTO.

En torno al Camino de Santiago, y del mismo Santiago, siempre se han entremezclado los datos reales con la leyenda hasta tal punto que hay parte de la historia en que se hace difícil diferenciar si lo descrito se corresponde a datos históricos o a la pura invención dada por cierta tras el transcurso de los siglos. No obstante, dado que el cruce de datos históricos con la leyenda se han difundido y asumido popularmente hasta tal punto que datos científicamente probados posteriormente se han puesto en duda o directamente desestimado, lo narrado en las siguientes líneas es la rica mezcla de datos históricos con esa dosis de leyenda que hacen mágica esta historia de peregrinación a lo largo de siglos.

Santiago ApóstolSantiago (también nombrado en distintos documentos como Santiago el Mayor, Santiago Zebedeo, Iacob o Iacobos) fue discípulo de Jesucristo, apóstol y peregrino. Hijo de Zebedeo y Salomé, hermano de Juan el Evangelista, fue pescador en Galilea hasta que sintió la llamada del Mesías, llegando a ser uno de los apóstoles favoritos del Maestro según nos narran las Sagradas Escrituras. Tras la Ascensión, y cumpliendo las indicaciones del Señor, los apóstoles se repartieron por el mundo, Santiago el Mayor fue el encargado de evangelizar el norte de la Hispania según queda documentado en la obra del año 650 “De ortu et obitu patrom” de San Isidoro, en el “Brevarium Apostolarum” de principios del siglo XII escrito según fuentes bizantinas, así como en documentos posteriores. Volvió Santiago el Mayor a Tierra Santa, siendo capturado y martirizado por las tropas de Herodes Agripa que ordenó decapitarle en el año 44.

Según queda datado en la “Epístola del Papa León” los restos del Apóstol fueron trasladados por Atanasio, Zeledón y otros cinco de sus discípulos, que se hicieron a la mar en una barca a la deriva que les llevó hasta el lugar de Bisria (Iria Flavia, en el trazado del Camino Portugués); es en este lugar donde el cuerpo se eleva por los aires dirigiéndose hacia el sol; los discípulos se adentran en tierra firme en busca del Maestro hasta que lo encuentran, ya sepultado, bajo un sarcófago con arcos de mármol. Una variante de esta narración, recogida en el Codex Calixtino, indica las peripecias habidas entre los siete discípulos y la incrédula señora del lugar Lupa, que les puso pegas y dificultades para el enterramiento del Santo en sus dominios, todas ellas superadas por los discípulos por la gracia divina, tras cuyos episodios Lupa se convirtió al cristianismo, accediendo a que se procediese al enterramiento en el lugar escogido.

Para comprender el significado del descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en una lejana aldea del Oeste ibérico y el inicio de las peregrinaciones a este lugar, es necesario situarse geográfica y políticamente en principios del siglo IX, con la invasión musulmana prácticamente consolidada en la antigua Hispania y los pequeños núcleos cristianos del Norte más protegidos por la orografía del terreno que por su capacidad para parar el avance enemigo. No eran buenos tiempos, mientras el bando árabe unificaba sus fuerzas en torno a Mahoma, el bando cristiano no tenía una figura que uniese a la población en defensa de los intereses económicos y culturales, así pues los dirigentes astures tenían tres problemas a resolver: por el Norte el cada vez más inminente avance de Carlomagno, al Sur la marabunta musulmana prácticamente afincada en toda la península, y en la propia casa la consolidación de los dominios del jovencísimo Reino Astur.

Es en éste escenario cuando, según la leyenda, en el año 814 (datos más realistas datan el hecho entre los años 820 y 830) bajo el reinado de Alfonso II el Casto en el Reino de Asturias y el imperio de Carlomagno en Occidente, un pastor de la remotísima “Gaellecia” llamado Paio, Pelagius o Pelayo, cree ver la luz de una estrella señalando hacia el monte Libradón seguido de apariciones angélicas. Los hechos se extienden a los parroquianos de San Félix de Lovio y llegan a oídos de Teodomiro, obispo de la diócesis de Iria Flavia, quien, tras el correspondiente ayuno de tres días para obtener la gracia divina, se interna en el frondoso bosque localizando, entre un antiguo cementerio, un escueto edificio rodeado de una columnata de mármol conteniendo un sepulcro bajo el pavimento. Teodomiro indica, por revelación divina, que los restos allí encontrados pertenecen al apóstol Santiago. De todo ello queda constancia en “Concordia de Antealtares” documento del año 1077.

OviedoSe produce un tenue culto a Santiago que se expande a todo el ámbito territorial del Reino Astur. Los reyes asturianos, conscientes de la importancia que puede alcanzar el tener un icono a seguir para la consolidación y expansión de su reino, se apresuran a aprovechar el empuje místico. Para ello introducen la veneración en la sede de Iria Flavia que disponía de personajes influyentes (como Teodomiro) al servicio de la jerarquía astur. A los astures, para soltar el desenfreno espiritual, les vino de perlas que el cuerpo del Apóstol hubiese sido enterrado en su territorio. De esta forma el fenómeno jacobeo fue propagándose en el núcleo de la resistencia astur, convirtiéndose en un importante elemento impulsor del joven Reino de Asturias necesitado de todo tipo de ayudas para combatir al enemigo islámico.

Así las cosas Alfonso II, enterado del hallazgo de Teodomiro, peregrina desde Oviéu al Sagrado Lugar y manda edificar sobre el sepulcro una sencilla iglesia, de una sola nave y alzada en piedra y barro, dando paso a la llegada de los primeros peregrinos a la tumba del Apóstol y extendiéndose la noticia entre la población cristiana del reino astur al principio y la Europa dominada por Carlomagno posteriormente. Tanto Alfonso II como sus sucesores, conocedores del auge de las noticias habidas sobre la misión evangelizadora del apóstol Santiago en la península ibérica, la localización de sus restos en la remota Gaellecia y el fervor espiritual levantado, supieron utilizarlos como factor unificador e impulsor de la conciencia anti-islámica de forma tan rotunda que, con el paso de los años, convertirían al Apóstol en el guerrero cristiano símbolo de una guerra santa contra el fanatismo musulmán. El nuevo enclave, dependiente de Iria Flavia, se completa con el solar monacal de Antealtares y la iglesia de San Salvador, todo ello es rodeado con un pequeño muro y recibe la misión de atender el culto del Apóstol y de dar cobijo espiritual y material a los peregrinos que van llegando cada vez de más lejanos puntos geográficos. Bendecida por Teodomiro y sufragada por la realeza asturiana se erigió la iglesia de Santiago, a la que con prontitud Alfonso II el Casto otorgó tres hectáreas alrededor del templo. Entre el oratorio y los cenobios que lo rodeaban había nacido, sin saberlo, Santiago de Compostela. Asimismo el Papa León III certificó mediante epístola la veracidad del descubrimiento, lo que reanimó aún más el culto jacobeo.

Apenas unos pocos años después, en el año 844, en las llanuras de Clavijo, un pueblecito de la actual Rioja, el rey Ramiro I de Asturias se enfrenta a las tropas musulmanas de Abd al Rahmán II en clara desventaja numérica. Cuando ya la derrota era evidente se le aparece el apóstol Santiago al rey indicándole que todo no estaba perdido y que había que expulsar al enemigo de tierras cristianas. Así, montado sobre un caballo blanco, Santiago lucha codo a codo con el ejército cristiano, que vence a la milicia formada por setenta mil moros. La noticia vuela y se extiende hacia toda Europa, todo occidente se vuelve en el culto a los restos del Apóstol, comenzando a abrirse camino hacia Compostela. Las victorias del reino se interpretarían como obtenidas por la intercesión y aquiescencia del Apóstol en la guerra santa contra los musulmanes, e incluso validadas por sus apariciones activas en la causa, como la de la batalla de Simancas contra Abd al Rahmán III.

San Salvador de PriescaA medida que el Reino de Asturias va ganando terreno frente al Islam, el solar erigido en torno a la iglesia de Santiago va creciendo en proporción a las donaciones reales y a los tributos que proporcionaba la reorganización de los terrenos reconquistados, que convenían eclesiásticamente en beneficio de Santiago de Compostela, en donde se van estableciendo, además de clérigos, laicos de toda índole como albañiles, artesanos y comerciantes, dando comienzo a la verdadera institución de la ciudad. El rey astur Alfonso III derribó la iglesia original y ordenó constituir una mayor, más solemne y ostentosa, en sillería, cemento y mármol. Las obras comenzaron en el año 872 y se prolongaron durante cerca de veinte años, concluyéndose con una iglesia que conservaba en su cabecera el mausoleo, ampliándose a tres naves, la central de sillería, y revistiéndose de mármol (para que nos hagamos una idea, era algo muy similar a lo que podemos contemplar en el templo prerrománico de San Salvador de Priesca, en la fotografía de la izquierda). El enclave fue creciendo, levantándose nuevas iglesias como San Félix de Lovio o la Corticela, monasterios como Pinario, y casas de talante laico que van configurando físicamente la villa que, en el siglo X, ya contaba con marco jurídico propio.

En el siglo X la peregrinación a Compostela ya era un hecho consolidado. Había aparecido un nuevo personaje, el peregrino, viajero a Compostela. Los caminos se llenan de gentes de los más diversos oficios y clases sociales que deambulan entre pueblos y ciudades. Los primeros peregrinos recurrían a las ya trazadas calzadas romanas para trasladarse y a la hospitalidad de los habitantes de las villas para descansar y alimentarse; el primer hospital de peregrinos será instalado en la iglesia de San Martín Pinario de Santiago de Compostela. Desde Francia se consolidan grandes vías que entran en la península ibérica por Roncesvalles, Irún y Somport.

En agosto del año 997 las tropas de Almanzor, o Al Mansur, llegan hasta el mismo Santiago de Compostela, por la negativa del rey de León Bermudo II a pagar el gravamen concertado al califato, arrasando las levantadas iglesias de Santiago, Solovio, San Juan de Antealtares y Corticela, pero respetando el sepulcro. Tras el saqueo, el mismo Bermudo II ordena la reconstrucción del Santo Lugar. Para que no vuelva a repetirse, en el año de 1037 se inicia la construcción de la muralla, que estará terminada unos treinta años después.

Santiago MatamorosEn el siglo XI la imagen de Santiago se revalida como icono fundamental en la guerra santa contra el Islam representada por la reconquista; durante el reinado de Fernando II el Grande, rey de Castilla y León, cuando en plena batalla de Coimbra Santiago aparece nuevamente combatiendo encarnizadamente contra el bando musulmán, animando y empujando el ejercito cristiano a una nueva y poco prevista victoria. Es a finales de este siglo cuando se produce la primera de las Cruzadas a Tierra Santa (1096-1099) naciendo una nueva figura que unifica al peregrino con el guerrero, el cruzado, pues no eran pocos los que se hacían cruzados con el fin de ganarse el cielo tras la lucha en los Santos Lugares por convicción religiosa. Las cruzadas se alargarían hasta el siglo XIII, y supondrían que la guerra de los mundos cristiano e islámico quedaba reducida a dos frentes, Tierra Santa y la península ibérica.

Ante la envergadura de los acontecimientos y aprovechando que la frontera con el mundo del Islam se traslada en continuo retroceso tras la descomposición del Califato de Córdoba en pequeños reinos de taifas tras la muerte de Almanzor, Sancho III El Mayor, rey de Navarra, desplaza la ruta seguida hasta entonces por los peregrinos (que, tras entrar por Roncesvalles y llegar a Pamplona, se dirigían hacia Vitoria prosiguiendo por tierras del joven Reino de Castilla rozando la cordillera cantábrica) hacia el sur, desviando la corriente humana de Pamplona a Estella y Nájera pasando la, entonces, pequeña aldea de Logroño. Algo, o mucho, tuvo que ver en este desvío la Orden del Cluny. Alfonso VI el Bravo, primero rey de León y posteriormente de Castilla y León, sigue el ejemplo y gestiona recursos para desplazar la ruta hacia el sur, repoblando los territorios conquistados y abriendo un nuevo camino bien dotado de infraestructuras (puentes, hospitales, mercados,...) que discurre por Nájera, Burgos, Castrojeriz y León, y que terminaría conociéndose como Camino Francés, el más transitado de todos.

Entre tanto, la basílica de Santiago no paraba de crecer a medida que aumentaban las peregrinaciones. En 1075, Santiago de Compostela es un poblado floreciente gracias a su centro eclesiástico. El obispo Diego Peláez y el rey Alfonso VI el Bravo inician la construcción de la tercera basílica, esta vez será toda una catedral levantada en estilo románico. Posteriormente el obispo Diego Gelmírez, en estrecho contacto con la Orden del Cluny e influenciado por su modelo espiritual, continúa la obra ensanchándola y ampliándola hasta límites antes insospechados, construyendo la enorme catedral envolviendo al anterior templo que no derribó hasta estar construido el nuevo templo, construcción digna del fragor incitado en toda la Europa medieval. Diego Gelmírez fue gran impulsor del Camino y de su ciudad, sembró monasterios por toda Galicia, obtuvo del Papa Urbano II el traslado de la mitra episcopal a Santiago de Compostela y, en 1095, llegó a conseguir el título de sede apostólica para la catedral, equiparándola en importancia a la mismísima Roma.

En 1122 el Papa Calixto II instituye el Año Santo Compostelano que se celebra desde entonces cada vez que el 25 de julio (día de Santiago) cae en domingo. Sin embargo es el Papa Alejandro III en 1179 quién mediante la bula Regis Aeterni concede la Indulgencia Plenaria, por la que “todos los que devotamente arrepentidos y contritos, visitasen la basílica compostelana, podrán ganar indulgencia plenaria y obtener la absolución de sus culpas, aun en los casos reservados a la Sede Apostólica.” ¿Cómo se gana el Jubileo en Santiago de Compostela? Peregrinando a la tumba del Apóstol durante un Año Santo Compostelano, visitando y orando en la catedral, y recibiendo los sacramentos de la confesión y la sagrada comunión (puede ser en los 15 días anteriores o posteriores).

A finales del siglo XVI Felipe II envía a la Armada Invencible al litoral inglés, tras la rotunda capitulación, y ante un eventual contraataque inglés, las reliquias del Apóstol son ocultadas. Pero se escondieron tan bien que no se hallaron una vez pasado el peligro. Con la urna sagrada también se perdió el sentido de las peregrinaciones, hasta ser nuevamente localizadas en 1879 durante los trabajos ordenados por el obispo Payá en el subsuelo del ábside ¡en realidad nunca salieron de la catedral! El redescubrimiento de los restos obtuvo la correspondiente bula papal de León XIII y comienza el resurgir de las peregrinaciones que se reactiva, sobre todo, a finales del siglo XX.

DE LOS PRIMEROS PEREGRINOS Y SUS ATUENDOS.

Peregrinar en la Edad Media no era tan fácil como en nuestros días, a las distancias a recorrer había que añadir las carencias de comida, vestimenta y hospedaje, amén de infecciosas enfermedades, por lo que algunos de los peregrinos que entonces emprendían el caminar hacia Santiago de Compostela lo hacían pensando en la posibilidad de que tal vez no volviesen. Todo ello convertiría la peregrinación en una auténtica penitencia que el peregrino asumía con la convicción absoluta de que a mayor sufrimiento y pesadumbres pasados, mayor gloria, o dicho de otra forma más oídas serían sus plegarias y mayor el perdón recibido.

Era una costumbre bastante habitual la realización de peregrinaciones en la Edad Media. La primera de las peregrinaciones que comenzó a establecerse fue a Roma, en donde los romeros contemplaban las tumbas de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Posteriormente se produjo la segunda de las corrientes de peregrinos, ampliada por los ejércitos de cruzados, que tenía por destino el Santo Sepulcro de Jesucristo, allá por tierras de Jerusalén. Mucho más cercano y sin tanto peligro como acudir a Tierra Santa era el allegarse a Santiago de Compostela, la tercera de las peregrinaciones realizadas por las gentes del medioevo, y que poco a poco fue ganando en adeptos hasta convertirse en algunas épocas, numéricamente, en la principal de las tres.

En la Edad Media los peregrinos europeos hacían la peregrinación por los caminos interiores de la meseta (Camino Francés, Aragonés...), del Norte (Camino de la Costa, Primitivo...) o por vía marítima hasta A Coruña (Camino Inglés...), mientras que del sur se acercaban por otros trazados según su procedencia, el Camino Portugués, la Vía de la Plata... Personajes del medioevo, de todas las clases culturales y sociales recorrieron el Camino en búsqueda de regocijo espiritual y personal. Obispos, reyes, sirvientes, clérigos, lacayos, campesinos, caballeros y artesanos de toda índole se volcaban en su peregrinar hacia el Oeste. Hubo tribunales, sobre todo religiosos, que imponían como condena a los encausados la peregrinación a los Santos Lugares, lo cual nos da una idea de las duras condiciones de la peregrinación en época medieval. Otro tipo de peregrino era el que “por delegación” cumplía la última voluntad del testador que así lo dictaminaba, o el que peregrinaba para demandar la curación del delegante.

No vayamos a pensar que el turismo es un invento de nuestros tiempos, algunos peregrinos de finales de la Edad Media tomaban la excusa de la peregrinación para emprender la aventura hacia el conocimiento y el estudio de los numerosos vestigios relacionados con lo jacobeo a lo largo del Camino. Peregrinos medievalesIglesias, monasterios, colegiatas, catedrales, conventos, esculturas, pinturas y reliquias se muestran al curioso peregrino, así como gentes de distintos lugares y costumbres, cultura en definitiva.

Al principio, los peregrinos vestían ropas comunes al resto de viajeros de la época. Poco a poco, la indumentaria fue concretándose en un abrigo, una peregrina de cuero, un sombrero redondo de ala ancha, un bastón o bordón y una calabaza. El bordón servia a su vez de credencial; los hospitaleros realizaban una marca característica en él para saber cuantos días llevaba cada transeúnte en el refugio, por el motivo que posteriormente explicaremos. El hábito llegó a ser identificativo de los peregrinos a Santiago y actuaba como salvoconducto para obtener la caridad de hospitaleros y lugareños destinada a los peregrinos. En su camino de regreso los peregrinos llevaban colgada una vieira como acreditación de que habían completado su peregrinación a Santiago de Compostela y les servía de salvoconducto, o para aplicación de descuentos en posadas, cruces de rías, albergues...

DE LA PICARESCA HABIDA EN LA PEREGRINACION.

Otrora el peregrino disfrutaba de ciertas franquicias y se libraba de pagos, recibía limosnas, caridad, alimento y hospedaje. De este modo muchos rufianes y buscavidas se escondieron bajo las ropas de peregrino, práctica que se convertía en habitual en épocas en que la indigencia se generalizaba, bien por escasez de alimentos, bien por epidemias de enfermedades.

La seguridad de los peregrinos fue siempre motivo de preocupación de las autoridades ya que el peregrino, solo y en territorio desconocido, solía ser víctima de los posaderos, que añadían agua al vino, daban cambio con moneda falsa, cobraban más de lo debido o servían comidas en mal estado, y los barqueros que exigían tarifas desorbitadas al peregrino por el paso de ríos y desembocaduras. Otro engaño común era el del falso clérigo, que vestido con hábito estafaba al peregrino, tampoco era infrecuente forzar a los extranjeros moribundos a testar en favor del maleante. En el siglo XII, en la plaza del Paraíso de Santiago de Compostela existía un mercado de “souvenirs” y en 1133 las autoridades de Compostela amonestaron a los comerciantes tras comprobar que cobraban más al peregrino que al residente.

Pero no siempre el peregrino era la víctima, a veces éstos eran los rufianes. Así pues no por citarle el último vayamos a pensar que el “peregrino” por hambre era el menos habitual. Como queda dicho, había muchos pícaros que, bajo pretexto del peregrinaje, deambulaban por caminos, albergues y aldeas viviendo de la caridad de las gentes. Hasta tal punto llegó el “abuso” que se llegó a limitar la estancia en albergues a una noche, salvo enfermedad manifiesta. Asimismo las autoridades de las aldeas procedían a expulsar de las mismas al falso peregrino que deambulaba continuamente por sus calles sin avanzar hacia el occidente. Otro mal ejemplo de peregrino es el genovés Bartholomeus Cassanu que, en 1586, robó varios objetos de la iglesia parroquial de Zarautz (Gipuzkoa); al bribón le salió bien la jugada, así que decidió intentarlo nuevamente en Salas (Asturias) pero esta vez fue prendido con los candelabros en las manos, finalmente fue ahorcado en Zarautz como autor de ambos robos.

Diccionarios de la época definían “bordonero” como “el que disimulando con el hábito de peregrino y el bordón anda vagando por el mundo para no trabajar”. Ladrones, desertores, prostitutas y vividores se escondían bajo el disfraz de peregrino contribuyendo al desprestigio de la peregrinación en los siglos XV y XVI.

DE LOS SIGLOS DE AUGE Y ESPLENDOR.

Gran auge de la peregrinación se dio durante los siglos XI y XII. Se construyeron numerosos monasterios a largo del camino. Los reyes cristianos, conscientes del papel de la peregrinación para el auge económico, crearon burgos y levantan puentes que serán después el germen de nuevas ciudades, como Logroño. El Papa Calixto II instituyó en 1122 el Año Santo Jacobeo, y su sucesor Alejandro III dictó durante el año 1179 la bula “Regis Aeterna” por la que se otorga indulgencia plenaria a quienes visiten el templo compostelano en los años santos compostelanos. Según estudios realizados, en los siglos de máximo esplendor se estima que llegaban a Santiago de Compostela unos 300.000 peregrinos anuales, claro que para hacernos una idea de la repercusión real del movimiento habríamos de tener en cuenta la población de aquella época (como dato en el siglo XII Oviedo apenas contaba con 1.000 habitantes y Bilbao no llegaba a 300)

DEL DECLIVE DEL CAMINO Y SU RESURGIMIENTO.

Santiago Matamoros

Durante el siglo XV el camino comienza a declinar. La peste negra había diezmado la población europea y los supervivientes se diluían en continuas guerras. Los caminos no eran seguros y los monasterios apenas tenían para atender a los pobres de su entorno; además la “desaparición” de las reliquias dejó sin sentido el hecho de la peregrinación al lugar en donde ya “no” descansaba el Apóstol. Por si ello fuera poco, las ideas también cambiaron y las posesiones materiales sustituyeron a las nociones espirituales. Las peregrinaciones se reducen de forma continua hasta el siglo XIX en que constituían un hecho prácticamente anecdótico.

La segunda edad dorada de la peregrinación a Santiago de Compostela hubo de esperar a finales del siglo XX. Muchas de las nuevas generaciones de peregrinos redescubren la milenaria ruta por motivos culturales, artísticos, turísticos y hasta deportivos, muy distintos a las inspiraciones religiosas que movieron a los peregrinos del medioevo, y siguen moviéndoles hoy en día. Sea como sea los nuevos peregrinos han rescatado la ruta Jacobea del oscuro olvido. Así, por ejemplo, en 1986 (año en que hizo su peregrinación a Santiago de Compostela el escritor Paulo Coelho escribiendo posteriormente su libro) apenas 400 peregrinos recorrieron el Camino, mientras que en el año 2002 la cifra rondaba las 70.000 personas y apenas diez años despues, en 2012, la cifra de peregrinos se acercó a los 200.000 personas. En los Años Santos Jacobeos las cifras se duplican o triplican.

 

ARTE EN EL CAMINO Y POR EL CAMINO.

La vía abierta por los peregrinos entre la Europa Continental y la basílica compostelana se convirtió pronto en el conducto por el que entraron en la península las vanguardias estéticas y culturales de Europa. Muy lejos de ser lo que a simple vista podía observarse, un camino lleno de personas, mezclados con los peregrinos llegaron también artesanos, pintores, canteros, escultores, campesinos, burgueses, nobles y órdenes monásticas que trajeron sus influjos, ideas y renovaciones cambiando paulatinamente el paisaje y la cultura, asentándolos o adaptándolos a las costumbres y peculiaridades propias, dejándonos como testigos mudos de esta rica simbiosis y evolución los monumentos que hoy en día nos hablan de épocas pasadas, siempre reflejo mudo de lo que vieron pasar, solo hay que saber escucharles, y para eso el peregrino debe proveerse de un arma meritoria: la paciencia.

Cada uno de los distintos Caminos de Santiago transcurren por zonas y comarcas que son garantes de los años de desarrollo y máximo esplendor que pasaron, guardando con recelo sus obras de arte como los preciados tesoros que son. En la mayoría de los trazados de los distintos Caminos siempre hay un estilo que destaca; así en el Camino Francés destaca el estilo románico hasta el punto de haber sido llamado en muchas ocasiones "la ruta del románico".

OviedoEn el Camino de la Costa podremos observar monumentos de todo tipo arquitectónico pero, de entre todos ellos, destaca el prerrománico por su importancia y exclusividad ya que solamente podremos encontrarlo en Asturias. El prerrománico, visigótico, o asturiano, pues todos estos nombres ha recibido, según características o situación del monumento, es un estilo artístico precursor del románico que se dio entre los siglos VII y X fundamentalmente en el viejo Reino Astur dada la ocupación musulmana en el resto de la península ibérica y, como ejemplos, citaremos los templos de San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco en Oviedo (en la foto izquierda) o el templo de San Salvador de Priesca.

El románico es el estilo propio de la Europa Occidental dominante en los siglos XI a XIII, y se encuentra ampliamente representado en multitud de edificios religiosos, que son los que principalmente se conservan en nuestros días. Es el arte de la pureza de líneas y la sencillez. El Camino está lleno de templos de este estilo ya que se construyeron gran cantidad de iglesias de peregrinación que se dotaban de girola y triforio para permitir el tránsito de peregrinos por sus interiores, y como ejemplos tenemos la iglesia de Santa María de Bareyo, la Colegiata de Santillana de Mar, la iglesia de los Padres Franciscanos en Avilés o el mismísimo Pórtico de la Gloria, en la catedral de Santiago de Compostela.

Santiago MatamorosEl gótico poco a poco fue desplazando, a principios del siglo XIII, al estilo románico y los espacios pequeños y oscuros evolucionaron hacia formas más esbeltas, caracterizado por la bóveda y el arco ojival. Ejemplos de este estilo tenemos en las catedrales de Oviedo o Bilbao (en la foto derecha), la iglesia de San Vicente en Donostia, iglesia de Santa María de Castro Urdiales o la iglesia de Santiago de Baamonde. En el País Vasco se dio una variante que se conoce como gótico vasco, que sintetizaba el gótico final con el recién llegado renacimiento dando cierto toque austero, uno de cuyos ejemplos más destacable es la parroquia de Nuestra Señora del Juncal en Irún.

El plateresco coincidió con el primer periodo del renacimiento español, finalizando el siglo XV, es un estilo que se distingue por el exceso de bajorrelieves, arabescos y ornamentaciones, Santiago Matamorosunas complejas alianzas de inscripciones y motivos heráldicos y un uso excesivo de medallones, guirnaldas y molduras. El estilo raramente se aplicó en edificaciones completas, sino en portadas y retablos de las iglesias. Como ejemplos la portada del Hostal de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela o los retablos de la Colegiata de Ziortza y del santuario de Nuestra Señora de Itziar.

El renacimiento se desarrolló en el siglo XVI y redescubrió de nuevo las fuentes clásicas, reaccionando contra el estilo gótico. Ejemplos del estilo son el enorme monasterio de San Martín Pinario en Santiago de Compostela, el Palacio de Narros en Zarautz, la casa de los Quevedo en Santillana de Mar y muchos de los retablos de toda la ruta.

El barroco se caracteriza por su riqueza ornamental, ampulosidad, dinamismo e, incluso, el gusto por lo recargado. Llega en los siglos XVII y XVIII, influyendo poderosamente en la arquitectura y volcándose hacia la escultura y las artes figurativas. Como ejemplo, o más bien obra cumbre del barroco, la espléndida portada de la catedral de Santiago de Compostela; otros ejemplos podían ser el Palacio de Camposagrado en Avilés, el convento de Sobrado dos Monxes (en la foto de la derecha), la iglesia de Santa María de Lourenzá o la basílica de Santa María en Donostia.

 

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